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Arco narrativo: donde historia y personaje se unen

Actualizado: 22 sept 2024

Puede que hayas oído hablar del arco de la historia, o que te hayan llegado noticias de que existe algo llamado arco del personaje. En realidad, ambos son las dos caras del arco narrativo. Dependiendo del tipo de obra que estés escribiendo, uno tendrá más relevancia que otro, pero hay que trabajar ambos para que tu novela o tu relato lleguen a buen puerto; o sea, para que tus lectoras se diviertan, te dejen muchas estrellas en Goodreads y se quieran comprar tu siguiente libro.


Qué es el arco narrativo


El arco narrativo de la historia es el desarrollo de la estructura en tres actos. Y no se llama desarrollo narrativo porque tiene forma de arco. Como en la imagen de más abajo.


El principio se sitúa en un extremo del arco, los problemas y la tensión van aumentando hasta que llegan al punto más alto, que es el clímax, y vuelven a descender hasta el final de la narración.



Los personajes, igual que la historia, también tienen su propio arco, que se refiere a su situación personal y emocional y cómo cambia a lo largo de la historia. Este arco suele conllevar una transformación, que depende de los acontecimientos que suceden y de las decisiones que los personajes toman. Decisiones motivadas por su forma de ser y por su pasado.

¿Qué arco narrativo es más importante, el de la historia o el del personaje?

Leas donde leas acerca de este asunto, una de las preguntas que más vas a encontrarte se parece mucho a aquello de ¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?


¿Qué nace antes, la historia o el personaje? Conozco autoras que empiezan a trabajar a partir de una especie de aparición divina. Como los niños de Fátima, un buen día (o una buena noche), se encuentran poseídas por la imagen de un personaje totalmente arrebatador y, claro, tienen que crear una historia para él.


Otras trabajan con ese entusiasmo enfermizo de quien no puede hacer que su cabeza pare: «¿Te imaginas que pasa esto? ¿Y si luego pasara lo otro? ¿No sería la repanocha que la historia terminase así?». Este tipo de escritoras suele empezar a trabajar a partir de una escena.

En realidad, no importa por dónde empieces a escribir: Necesitas un arco de la historia y un arco de personaje. Aunque no es necesario que los conozcas desde el principiio. Siempre puedes planificar sin planificar.

Arco de la historia y arco del personaje van juntos

Porque ¿qué pasa si tienes a esa guerrera maravillosa y fornida, con un trasfondo de quitar el hipo y un arco de transformación irresistible, pero se queda quieta en su pedestal? Pues no pasa nada. No hay novela, ni relato. Tus personajes se tienen que mover por una historia o, sencillamente, no habrá historia, no habrá novela, no habrá relato.


Ojo, puede que escribas muchas páginas en las que aparezca un personaje sin hacer nada, pero es poco probable que encuentres muchas lectoras para ese producto.

Y, por otra parte, ¿Quién va a llevar a cabo todas asas acciones trepidantes? ¿Quién correrá todas esas aventuras que se te ocurrieron mientras ibas a tope de bebidas energéticas? Necesitas que haya al menos un personaje involucrado en los acontecimientos o no podrás contarlos.

Así que tu arco narrativo tiene que contener tanto el arco de la historia como el arco del personaje.

Arco narrativo, arco de la historia y trama

En pocas palabras, en el arco de la historia es donde debes colocar los diferentes elementos estructurales que darán forma a la novela. Hay un montón de maneras de crear esa estructura, ese arco.

¿Por qué se llama arco el arco de la historia?

Lo decíamos al principio: porque la estructura clásica, de hecho, tiene forma de arco: el comienzo empieza en un punto de tensión bajo, esa tensión aumenta a medida que pasan las páginas y la cosa se lía (si no se liara, no habría una parte llamada nudo), llega a un punto máximo que es el clímax y desde ahí desciende durante el desenlace. Y en ese arco es donde se colocan los elementos principales de la estructura de tu historia, que son estos:

  1. Situación inicial del mundo en el que transcurre la historia.

  2. Detonante: hecho que pone el mundo patas arriba.

  3. Primer punto de giro: entrando en el nudo, aparecen multitud de sorpresas, dificultades y también encuentros con aliados que le dan vidilla a la historia.

  4. Punto medio: momento crítico en el que tu personaje deberá tomar una decisión.

  5. Clímax o momento álgido de la historia señalizado por un gatito y que debe estar cargado de significado para funcionar (el gatito es opcional).

  6. Desenlace en el que vemos como lo anterior ha afectado al mundo donde ha sucedido y también al personaje.

Sea cual sea tu novela o tu relato, puedes encajarla en este arco narrativo básico. Pero para que esto tenga sentido, debe ir de la mano del otro 50% del arco narrativo: el arco del personaje.

Arco narrativo del personaje

Como decía al principio del artículo, para que el arco de la historia funcione, alguien debe ir caminando por él. Imagina el camino de baldosas amarillas sin Dorothy, ¡Qué desolación!


Si te matas a diseñar acontecimientos llenos de significado, y un montón de pruebas, unas doce, para que luego resulta que no haya un Hércules… ¿De qué sirve ese esfuerzo?

Así que necesitas un personaje. Uno que se transforme, a ser posible.

¿Se transforman todos los personajes?

Cierto que no todos los personajes se transforman: ahí tenemos al inefable Sherlock Holmes y a Indiana Jones. Bueno, y a todos esos héroes que no cambian de personalidad ni de manera de ver la vida así les demuestres que el Arca de la Alianza era real. Pero el hecho es que las novelas ganan si lo que sucede en ellas tiene consecuencias. Si no, las lectoras tienden a quedarse con la idea de que han leído algo completamente insustancial. Y a nadie le gusta perder el tiempo. Por eso preferimos leer novelas donde lo que sucede signifique algo. Nos gusta un buen arco narrativo complejo.

Y un arco narrativo complejo se compone de un arco de la historia que transforme a tu personaje. Al final, las dos cosas están tan ligadas una a otra que resulta difícil diferenciarlas.

Es lo que decía al principio: los hechos transforman al personaje y sin personaje, los hechos no pueden suceder. Puede que el árbol caiga, pero si nadie lo oye ¿ha hecho ruido?

Tipos de arco narrativo de personaje

El blog de Diana P. Morales es maravilloso y en este artículo te pone 20 ejemplos, ni más ni menos, de tipos de arco narrativo de personaje. Fíjate bien en ellos, porque seguro que puedes colocarlos en uno de estos tres cajones:

El viaje de la heroína

Personajes que consiguen cosas físicas u otros objetivos poco sofisticados. Frodo, en El Señor de los Anillos, por ejemplo.

Arco de crecimiento

Tu protagonista se convierte en una versión mejor de sí misma o, directamente, cambia de punto de vista sobre algo vital para ella. Dentro de El Señor de los Anillos hay personajes que se transforman. Como Faramir, que encuentra la fe en sí mismo. O Gandalf, que de hecho sube de nivel al convertirse en un mago blanco cuando antes era un mago gris.

Arco negativo o trágico

En este caso la novela narra la caída de la protagonista que, o bien queda maldita para siempre, o muere, o se queda muy traumatizada por no conseguir su objetivo.

Shakespeare era el maestro de las tragedias. Romeo y Julieta es un ejemplo clarísimo de protagonistas que no alcanzan su objetivo y mueren. Por cierto, ellos mueren, pero su muerte transforma el mundo.

Cómo se crea un arco de personaje

Lo primero que tienes que saber es qué tipo de arco de personaje necesitas para tu historia. Y para eso es buena idea que te hagas tres preguntas. Las tres, como verás, se interrelacionan muy estrechamente con la trama:

1. ¿Quién y cómo es tu protagonista al principio de la historia? 2. ¿Cómo y quién quieres que sea tu protagonista al final de la historia? 3. ¿Qué hechos necesitas que ocurran para que se produzca ese cambio?

En definitiva, se trata de saber si quieres que tu protagonista empieza mejor de lo que acaba o peor. Una vez que tengas eso, será mucho más fácil llevarlo de un lado a otro. Algo que sucederá a medida que le presentes obstáculos y le hagas tomar decisiones.



En este manual te lo cuento todo con detalle, pero te dejo aquí un resumen del arco positivo para que veas como se trabaja:


Creando un arco de crecimiento o arco positivo


Es el más popular y el más reconocible. Al principio de la historia, la protagonista se encuentra en una situación frustrante que afecta a una o varias facetas de su vida. Este nivel de frustración puede variar.


Durante la historia, los acontecimientos que le suceden la fuerzan a replantearse su concepción del mundo y de sí misma, hasta que al final vence a sus propios demonios interiores. Esta conquista suele llevar aparejada la victoria sobre el personaje antagonista, si lo hay, y también suele significar que consigue el objetivo externo que buscaba.

Al final de la novela, la protagonista ha cambiado a mejor.


Cenicienta, por ejemplo, empieza su historia en un estado de semiesclavitud y termina convertida en reina.


La autora K. M. Weiland, a quien recomiendo mucho si lees en inglés, ha identificado cuatro cuestiones previas que nos sirven para trabajar los arcos de personaje antes de entrar de lleno en el frondoso bosque de cómo estructurarlos. De ellos dependerán en gran medida esas reacciones que conforman la identidad real del personaje. Estos son los dos que te ayudarán a empezar a crear tu arco de personaje.


  • Tu protagonista vive en una mentira. Aquí la llamaremos «espejismo»: La trama tiene que ver, a un nivel muy básico, con el cambio de prioridades de sus protagonistas. Hablamos de personajes que se dan cuenta de que viven sumidos en la frustración o que no consiguen lo que desean porque, o bien desean algo incorrecto o bien no están empleando el método correcto para conseguirlo. De hecho, al principio de la historia puede que tu personaje ni siquiera sepa que tiene un problema. Mr. Scrooge, en Canción de Navidad , de Dickens, no se siente en absoluto incompleto debido a su codicia, tacañería y falta de empatía o compasión. Pero a medida que los tres fantasmas aparecen, se da cuenta de que necesita cambiar si no quiere terminar como el rosario de la aurora.

Durante todo el primer acto tienes tiempo de mostrar a tus lectoras cuál es la mentira que tus personajes creen y cómo les afecta, lo sepan ellos o no.

  • Lo que tu protagonista desea no es lo mismo que lo que necesita. Esto está muy ligado con el anterior. Si tu protagonista vive en una mentira y comienza su historia con cierto nivel de frustración, lo que quiere es eliminar esa frustración. Pero el malestar inicial de tu protagonista es solo un síntoma de le verdad que ella misma tapa con una mentira. Por lo general, lo que tu protagonista desea es algo externo, físico. Por ejemplo, Steven Strange, cirujano de fama y prestigio, quiere ser reconocido como el mejor en su campo. Es vanidoso y arrogante porque se considera especial y cree que su habilidad con las manos lo convierte en un ser superior que, además, salva vidas. Por eso, cuando pierde esa habilidad debido a un accidente, se encuentra perdido, desesperado y está dispuesto a hacer cualquier cosa para recuperarla.


  • A nivel interno, al Doctor Extraño le falta empatía, humildad y amor por el prójimo.

  • A nivel externo eso se manifiesta en arrogancia, clasismo y una soberana estupidez. Pero él no lo percibe así. Él se cree perfecto y por encima de los demás.

  • La mentira que cree es que su valor como persona depende de destacar mucho en algo.

  • La verdad que necesita aprender es que la notoriedad no es importante, lo importante es que lo que hagas tenga un significado, aunque nadie sepa quién eres.

Si el Doctor Extraño hubiera conseguido recuperar su habilidad extraordinaria para operar, que es lo que deseaba, nunca habría dejado de ser un imbécil redomado. Habría permanecido atado a su mentira.


Ahora ya tienes todas las claves para empezar a crear arcos de personaje que se inserten en el arco de tu historia. Es decir, para crear un arco narrativo completo.


Si qtrabajar todo esto sin entrar en contacto directo con tu historia se te hace cuesta arriba, vente a planifica sin planificar.








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